LLegada a Rennes durante el veranillo de San Miguel

En 2011, antes de venir a vivir a Rennes para trabajar en la Orquesta Sinfónica de Bretaña, Marc Feldman vivía en Sacramento con su mujer, Marie. La pareja franco-estadounidense temía el frío y la lluvia de Rennes. Pero el carácter sociable de la ciudad les hizo olvidar de un plumazo ese tópico.
«Llegamos en septiembre de 2011, durante un estupendo veranillo de San Miguel como el que suele haber aquí en Rennes», recuerda Marc Feldman. «Hacía buen tiempo y calor, había estudiantes y jóvenes por todas partes en la calle, la gente era curiosa y acogedora. Sentí inmediatamente que era una ciudad que respiraba cultura».
La otra grata sorpresa fue descubrir el mercado de Lices, el segundo mayor mercado de toda Francia…
Enamorado del mercado de Lices

«A Marie y a mí nos encanta perdernos por los mercados, cocinar y probar buenos productos. Cuando vimos el mercado de Lices, todos esos puestos de fruta y verdura, los productos del mar y de la tierra, nos enamoramos», confiesa Marc Feldman. Desde entonces, no se pierden nunca la cita de los sábados por la mañana, que comparten con la familia o los amigos. Hasta han creado un blog, «Brooklyn Breizh», para compartir sus experiencias culinarias y sus recetas.
«La primera vez que hicimos la compra en el mercado de Lices, encontramos absolutamente de todo: platos criollos, especialidades chinas, galettes bretonas… Lo que más nos sorprendió fue ver a la gente comiendo tranquilamente lo que habían comprado en el mercado directamente en los bares. En Lyon, París, Toulouse, Reims o en cualquier otro sitio del extranjero, en Lisboa o Nueva York, ¡nunca nos habríamos atrevido a hacer eso en la terraza de un bar! En Rennes, es una especie de tradición y una de las muchas cosas que nos gustan de la ciudad».
Encantados con el ritual del sábado por la mañana en Rennes
Marc y Marie adoptaron rápidamente este ritual tan peculiar de Rennes, el de sentarse en una terraza, al volver del mercado, y hacer un pícnic improvisado. «Nos dimos cuenta de que tenía mucho que ver con esos valores de apertura y hospitalidad de la ciudad y de toda la Bretaña. Entonces empezamos a ver la cultura bretona desde otro ángulo. Las fest-noz (fiestas bretonas) o incluso el que los estudiantes salgan de fiesta los jueves por la noche no es algo que se reduzca solo a música y cerveza; es cuestión de estar juntos. Es algo que tiene unas raíces muy profundas en Bretaña, igual que ese caldo de cultivo creativo tan particular. El orgullo de ser bretón existe y el de ser adoptado por los bretones también», afirma Marc Feldman. Este neoyorquino no tardó en sentirse como uno más entre los vecinos de Rennes y adora el papel de embajador de la capital bretona.
«Una cultura floreciente y una calidad de vida increíble…»
«Me llama mucho la atención lo abierta que es esta ciudad. Rennes es muy acogedora. He viajado por Europa y por todo el mundo y, en cuanto a la calidad de vida y a la facilidad para desplazarse, Rennes es una gran ciudad, pero de tamaño humano con una cultura floreciente, que no tiene nada que envidiar a otras grandes ciudades europeas», resume el administrador de la OSB. «Todos mis amigos me preguntan si no me aburro en Rennes. Yo les explico que es todo lo contrario, que en Rennes hay una concentración de eventos culturales de gran calidad y sobre todo que conoces gente en los bares y restaurantes, te paseas a orillas del canal, puedes montar en bici, en menos de una hora puedes estar recorriendo la costa de Saint-Malo o Cancale… Aquí hay una calidad de vida increíble».
El fin de semana ideal en rennes de marc feldman

Así que, si le preguntas cuál sería su plan ideal para pasar un fin de semana en Rennes, basta con seguirle el rastro durante 48 horas, o incluso un poco más, para conocer todos esos sitios donde le gusta disfrutar de la comida y la buena compañía.
Viernes por la noche: dar una vuelta, un cóctel y concierto en la ópera o en el Tnb
Marc recomienda llegar el viernes por la tarde para ir a un concierto o a un espectáculo en la Ópera o en el TNB, cuya programación le gusta mucho. Pero, antes de la música, ¿por qué no dar una vuelta por la ciudad? «Después de dejar las maletas, te puedes tomar un buen cóctel en el bar del Balthazar», aconseja Marc Feldman, que confiesa su inclinación por «el 77». Luego, antes de ir al concierto, un paseo por el barrio de la rue Vasselot, que encuentra «muy agradable». «En los alrededores de las Halles hay sitios muy buenos para picar algo».
Después de sus conciertos, los solistas y el director de orquesta suelen tomar algo en Le Galopin, en la avenue Janvier, donde les gusta tanto la comida como la bebida que sirven. «Si sales un poco más tarde por el barrio, también puedes cenar algo en Le Café noir. Me gusta el ambiente posconcierto con los músicos».
Sábado por la mañana: el ineludible mercado de Lices
El sábado por la mañana, es más que probable encontrárselo en el mercado de Lices con su gorra de béisbol y una galette-saucisse en la mano. «Es comida callejera superchic, en pleno mercado de Lices, como la de Nueva York», comenta divertido Marc Feldman. Uno de sus sitios favoritos del mercado de Lices es el puesto de Aurélie Denais, la sumiller itinerante. «Me gusta mucho hablar con ella. También hay queserías muy buenas, como la de Guylaine et Sébastien Balé, y muchos más productos que hay que probar, cervezas locales, ostras…».
Al final de su ruta por el mercado, Marc Feldman se sienta en el bar Le Comptoir (en la esquina de la rue Saint-Michel con la plaza Sainte-Anne). «Su mix musical es absolutamente genial, es un placer escuchar su selección. Tienen muy buenos vinos y son muy simpáticos. Nos podemos pasar horas allí con los amigos probando los productos del mercado. Es un rato increíble. No conozco ninguna otra ciudad ni ningún otro sitio en el que te dejen abrir tus ostras en su mesa: pides una botella de vino blanco y puedes hacer un pícnic en la terraza. Es algo único».
Sábado por la tarde: escapada a la costa

Después del pícnic improvisado en una terraza o en el Thabor, Marc Feldman suele optar por hacer una escapada a la costa para hacer senderismo o dar un paseo por las murallas de Saint-Malo. «A las 18 h, en una zodiac, puedes descubrir las islas y calas de Saint-Malo, una pequeña excursión para airearse antes de volver a Rennes», sugiere el neoyorquino.
Sábado por la noche: jazz en el 1988 live club
La noche del sábado hay mucho para elegir: escuchar a la orquesta de Bretaña o ir a alguno de los muchos locales de conciertos. «Se puede escuchar jazz, por ejemplo en el 1988 Live Club, que tiene una programación muy interesante. Me gusta ir los fines de semana».
Domingo en rennes: callejear, exposiciones y espectáculos

Los domingos por la mañana, «la ciudad se despierta tarde y es el momento perfecto para callejear por el casco antiguo. En los bares van poniendo las mesas poco a poco y te puedes tomar un café tranquilamente antes de ir a visitar la preciosa Catedral». Pero la ciudad no remolonea demasiado. «Desde hace algún tiempo, hay un montón de cosas interesantes los domingos en Rennes. Te encuentras conciertos, exposiciones y eventos en distintos sitios. También es el mejor día para ir a ver Les Champs Libres o la fabulosa colección del Museo de Bellas Artes».
L’arsouille, «uno de los mejores restaurantes de Rennes»
Sin olvidarse de hacer un alto para comer bien. Durante un fin de semana en Rennes, no puede faltar una visita a una crepería. «Me gusta Ouzh-Aol, en la rue Saint-Melaine, justo al lado de la sala de ensayos de la orquesta». En el mismo barrio, Marc Feldman es asiduo de Le Beau Soleil, donde disfruta de la cocina de Sri Lanka y la India, y del Chawp Shop en la rue de Penhoët. El último sitio, que recomienda sin ninguna duda, es L’Arsouille (17 rue Paul Bert), toda una referencia de la bistronomía de Rennes. «Es uno de los mejores restaurantes de Rennes, innovador y diferente con vinos muy buenos y con Chris, que adora hablar de lo que te pone en el plato».
Un fin de semana en Rennes que no puede acabar sin un paseo a orillas del río Vilaine hacia el cinturón verde hacia las praderas de Saint-Martin o hacia el estadio de fútbol para llegar hasta los estanques de Apigné.
Antes de despedirse de la capital bretona, un último consejo de Marc Feldman: pasar por la panadería Hoche para llevarse un pequeño recuerdo, una deliciosa brioche feuilletée. Y, si tuviera que convencer a unos turistas norteamericanos para que hicieran escala en Rennes, Marc Feldman tiene aún muchos más argumentos. «La gente de Rennes es muy acogedora y “anglo-friendly”. Al contrario que en muchas otras regiones de Francia, los bretones hablan inglés fácilmente. Y sobre todo, es una región auténtica llena de encanto y con una marcada identidad celta. En definitiva, como decía Anthony Bourdain en su programa No Reservations, “la Bretaña es Francia, pero no del todo”».