1. Visitar el parlamento de Bretaña

Para empezar, pon rumbo al Parlamento de Bretaña. Emblema de Rennes y símbolo bretón, fue construido en el siglo XVII según los planos del arquitecto del Palacio de Luxemburgo de París, Salomon de Brosse.
Hoy, después del grave incendio que sufrió en 1994, sigue albergando tesoros patrimoniales inestimables y forma parte de las visitas imprescindibles de la capital bretona.
También es una sede judicial en la que se encuentra el Tribunal Superior de Justicia de Rennes. Un monumento típicamente bretón: enraizado en la historia, pero que vive en el presente, en el corazón de la sociedad. El Parlamento «es un legado vivo, no un museo».
2. Adoptar la forma de vestir bretona

Prosigue tu conversión bretona haciéndote con algún que otro jersey a rayas, chubasquero amarillo o azul, chaquetón marinero, gorra de marino y con un bol con tu nombre. Sin olvidar una bandera bretona (la famosa Gwen Ha Du, también de rayas) para ir a los festivales. Desde luego no son los únicos productos «made in Britany» que encontrarás en las muchas tiendas del centro, pero ya verás que lo marinero se lleva muy bien tanto en verano como en invierno…
3. Descubre los productos de la tierra

No te pierdas la gran diversidad de productos de la tierra en el mercado central. En la Bretaña, nos gustan los productos de calidad, cultivados con amor y no muy lejos de casa: ¡viva el consumo de proximidad! Además, los bretones son grandes viajeros que adoran las especias. La gastronomía bretona está hecha de esa mezcla entre productos locales y del mundo, de la tierra y del mar, y luego está la mantequilla (que no es cualquier mantequilla). Los sábados en el mercado de Lices podrás degustar todos esos productos allí mismo o llevártelos como un buen souvenir. Según David Etcheverry, chef del restaurante con estrellas Michelin Le Saison, «habría que declarar el mercado de Lices patrimonio mundial de la Unesco».
4. Comer crepes y galettes hasta hartarse

Si aún estás en el mercado de Lices, es hora de probar la especialidad del lugar: la galette-saucisse. Es el plato festivo preferido de los habitantes de Rennes: si la pruebas, te la quedas. Está hecha a imagen y semejanza de la gastronomía bretona: sencilla y sin pretensiones, pero sabrosa. Para la gente de Rennes, es como su magdalena de Proust. En los mercados y en los alrededores del Roazhon Park, ¡tienes que probarla! Dice el periodista culinario Olivier Marie que es «¡el must de la región bretona! La unión de lo que siempre se ha comido aquí, del cerdo y de la galette. Simple, barato y espectacular».
Te esperan unas treinta creperías en las calles del centro de Rennes. Y no olvides el ineludible bol de sidra…
5. Dar los primeros pasos de danza bretona durante una fest-noz

En la Bretaña, la fiesta y la música son inseparables. No pasa una semana sin que haya alguna fest-noz (fiesta nocturna en bretón) en Rennes o sus alrededores. En ellas, siempre te darán la bienvenida y te ayudarán a aprender los pasos básicos de la danza bretona. ¡Métete en el corro! En Rennes, también son muy numerosos los círculos de danza bretona. Y el mejor momento para comprobarlo personalmente es el festival Yaouank, en noviembre, que termina con la mayor fest-noz de Bretaña, a la que acuden miles de personas para bailar al son de los grupos de música.
6. Jugar al «palet»

El palet es algo parecido a la petanca o al molky, pero mejor. Para aprender a jugar, nada mejor que la terraza de Le Gazoline, un bar de la Place des Lices donde te prestan todo el material. Si ya tienes el equipo necesario (¡muy bien!) –una tabla de madera o panel, los «palets» numerados y un «maître» (como un boliche pero mejor)–, puedes instalarte directamente delante del théâtre du vieux Saint-Etienne. Mucho cuidado porque hay que cumplir las reglas de este exigente deporte que es una forma de vida por sí mismo.
7. Visitar el museo de bretaña

No todo puede ser jugar al «palet» y disfrutar de la vida en una terraza mientras saboreas una galette-saucisse. ¡La cultura no puede esperar! El Museo de Bretaña te reserva una auténtica inmersión en la identidad y cultura bretonas. Un viaje por el tiempo y el espacio que no olvidarás. Si has oído eso de que «Bretaña es un universo», es hora de entender por qué.
Para terminar : la oficina de turismo
Ahora ya está: eres bretón. Así que no te olvides de pasar por la Oficina de Turismo (1 rue Saint-Malo) para comprar bonitas tarjetas postales, productos de calidad y souvenirs para convertir a todos tus amigos.