1. La gallina cuclillo de Rennes
La «nueva» estrella de los mercados
La gallina cuclillo de Rennes se ha librado de la extinción por muy poco. La reactivación de la economía que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial generalizó la utilización de variedades de aves «made in USA». La gallina cuclillo, al igual que otras razas locales, sufrió las consecuencias de este cambio. Esta ave, víctima colateral de la guerra, debe su supervivencia al Ecomuseo y algunos admiradores que no habían olvidado las recetas de las abuelas y las inmejorables características de esta especie. No solo tiene una apariencia magnifica, caracterizada por un precioso plumaje que combina el grisáceo, el blanco y el azulado (similar al de los cuclillos, de ahí su nombre), la carne tiene un sabor que le ha hecho alcanzar un gran prestigio.
«Todos conocían la gallina cuclillo de Rennes y no ahorraban en elogios, pero nadie sabía dónde encontrarla», explica Jean-Paul Cillard, zootécnico del Ecomuseo. Afortunadamente, en 1988, Jean-Luc Maillard, conservador del Ecomuseo, volvió a encontrar su rastro gracias un antiguo horticultor de Rennes: André Rouesné, que al jubilarse en Maine-et-Loire se llevó varias de estas gallinas consigo.
Un sabroso pollo de corral con un toque a avellana
Es un ave elegante y de gran tamaño que no se parece a ninguna otra. «Es un pollo de corral de gran envergadura, tiene los pectorales bastante desarrollados y la carne tiene una textura muy particular y sabor a avellana», explica el encargado del averío del Ecomuseo. «Su precioso y elegante plumaje similar al del cuclillo le dan un aire majestuoso».
Gracias a la labor de los criadores, de varios conocidos restaurantes y de los granjeros, este símbolo de la región de Rennes ha vuelto a ponerse de moda y ha encontrado nuevas salidas en los mercados y en las mesas de los restaurantes. Podrá encontrarla en el mercado de Lices de Rennes gracias a Paul Renault, un avicultor de Louvigné de Bais.
Pero al Ecomuseo no le basta con salvar a una especie amenazada, otro de sus objetivos es fomentar el desarrollo de una actividad empresarial para garantizar la conservación a largo plazo. «Si una raza no tiene una salida económica, se acaba convirtiendo en un objeto de exposición que se mantiene por sentimentalismo», comenta Jean-Paul Cillard. «La gallina cuclillo forma parte de nuestro patrimonio culinario, hemos encontrado su rastro en algunas antiguas recetas de la cocinera bretona Simone Morand».
Esta gallina, símbolo de la región de Rennes, es un espécimen que podrá comerse con los ojos visitando el Ecomuseo. La historia del redescubrimiento de la gallina cuclillo también ha protagonizado un libro publicado por la editorial Presses Universitaires de Rennes.
2. La gallina negra de Janzé
Guardiana de las colmenas y de los huertos

La gallina negra de Janzé, otra ave de raza bretona, se daba por extinta. De hecho, su único rastro era una descripción: «gallina negra con ojos marrones y patas bastante cortas que pone huevos blancos». No obstante, en los 90, algunos criadores descubrieron varios especímenes en la granja de un agricultor, desafortunadamente entre ellos no había gallos. El Ecomuseo procedió a recuperar una variedad en las Landas para intentar obtener el «fenotipo». Fue entonces cuando la gallina negra de Janzé comenzó a recuperar su sitio en los gallineros. Y, si bien su carne es muy valorada, como la de su pariente la gallina de Janzé, su vocación es diferente.
Un depredador para la avispa asiática
«Es una gallina que tiene fama de ser bastante voraz. Se la conocía como “gallina de los setos” y se criaba en libertad». ¿Su principal particularidad? «Se mueve libremente y se alimenta por sí misma», explica el zootécnico del Ecomuseo.
Se trata de una gallina muy valorada en las granjas, ya que tiene un papel esencial en los huertos: caza insectos como hacían los faisanes. Cumple el mismo papel que cumplían los herrerillos que anidaban antiguamente en los manzanales para proteger a la fruta de las plagas. Hace poco se ha descubierto otra cualidad de la gallina negra: es una gran depredadora de la avispa asiática que acaba con las colmenas. No solo eso, además desempeña un sorprendente papel eliminando las garrapatas de los corderos.
La gallina negra de Janzé también contribuye a la mejora del suelo de los huertos, que escarba y fertiliza con sus excrementos… es útil para todo. Algo que ya sabían nuestros ancestros. «Las gallinas protegían a las granjas de las víboras y de las serpientes que se acercaban demasiado. Habíamos olvidado este papel de “guardianas” que ejercían las aves de corral», añade Jean-Paul Cillard.
3. El caballo bretón
Una envergadura extraordinaria que es el orgullo de los criadores

Este animal había sido desplazado del campo por los tractores… El caballo bretón, caballo de tiro o percherón bretón, se ha recuperado gracias a los concursos de enganche que organiza el Ecomuseo. Estos concursos han conseguido que se vuelva a hablar de ellos, garantizar su reproducción y mostrar al gran público un animal impresionante que puede llegar a medir hasta 1,65 m a la cruz y puede llegar a pesar hasta 950 kg.
El caballo bretón fue una de las primeras razas de tiro francesas originarias del cruce con trotones ingleses que se llevó a cabo en el siglo XIX. Los ejemplares más grandes, los caballos de tiro, se utilizaban para el trabajo en el campo. Los más pequeños, los percherones bretones, se empleaban para el transporte del correo, de viajeros y en el ejército. Hoy en día, en algunas comunidades se utilizan como caballos de enganche para llevar a los niños a la escuela. También pueden verse ocasionalmente en la ciudad o durante las fiestas tirando de carruajes y de carromatos.
4. La vaca bretona pie noir
Una vaca sin intermediarios

La vaca bretona pie noir es la raza bovina más pequeña de Francia. Se trata de una raza de pata corta adaptada a la costa y a las penínsulas, es una especie típicamente celta, rústica y moldeada por y para este terreno. Su característico pelaje negro y blanco, los colores de la bandera de la Bretaña, la ha convertido en un animal emblemático en la región.
500 000 vacas en 1900, solo 300 en 1970
Si bien era una de las especies más extendidas en la Bretaña, le ha faltado poco para desaparecer. En 1900 se contabilizaban 500 000 cabezas. Pero durante la década de los 70 llegaron a quedar solo 300. Los ganaderos bretones tenían razones más que suficientes para preocuparse, fue entonces cuando se lanzó el primer plan de protección para una raza de ganado francesa. La vaca frisona, más productiva, había conseguido desbancarla a pesar de que la pie noir tiene muchos atributos que volvemos a redescubrir ahora. Los nuevos modelos agrícolas que no buscan la productividad a cualquier precio también han facilitado el proceso.
«Si bien es cierto que produce menos leche, esta tiene un alto contenido en materia grasa y en proteínas. También es una vaca con una longevidad extraordinaria, muchas de ellas llegan a vivir más de 20 años», explica el zootécnico. «No es necesario alimentarla con forrajes importados a base de soja, come de todo y permite dar salida a productos como el heno, la remolacha y la hierba».
Imagen del salón de la agricultura de parís en 2017
Ha encontrado su sitio en la agricultura familiar, caracterizada por los pequeños rebaños, los canales cortos de distribución y la venta directa. La pie noir genera una economía rural basada en la venta directa de mantequilla, de queso y de carne —que también es de gran calidad—, en los mercados. A nivel medioambiental y económico, todos salimos ganando. La pie noir simboliza un nuevo modelo que sigue la senda de la agricultura ecológica y que se inspira en una ganadería diferente en la que el bienestar animal y el medioambiente son factores esenciales. No nos sorprende que haya sido la imagen del Salón Internacional de la Agricultura de París de 2017.
5. La cabra des fossés
Una chiva todoterreno

La historia de la cabra des Fossés es otro de los éxitos de conservación de una raza que hubiese desaparecido de no ser por el Ecomuseo. Cuando se inauguró, el parque agropecuario no sabía todavía nada de la cabra bretona. Y sin embargo existía una con un precioso pelaje largo y sonrisa de medio lado. Se trataba de una cabra rústica, que vivía en el exterior y mantenía los taludes y, hace tiempo, daba algo de leche a los granjeros. El nombre era muy acertado: cabra des Fossés, o cabra de las fosas. Esta«vaca de los pobres» servía un poco para todo en el campo. Los granjeros le tenían mucho apego, los mayores se hacían cargo de cuidarlas.
Cuando se descubrió un ejemplar, Aubépine, se adquirió a precio de oro. A continuación hubo que localizar machos cabríos silvestres de la zona del cabo de la Hague para garantizarle una excelente descendencia en el Ecomuseo. Era una cabra viajera que se podía encontrar tanto en Bretaña, como en Normandía o en la región de los Países del Loira. Tiene muchas cosas en común con la cabra de los Pirineos. Los ganaderos de Béarn de hecho solían ir hasta París con sus rebaños antes de dirigirse a la costa de Normandía, a Deauville o a Trouville para vender leche junto a las playas. Es realmente una cabra todoterreno.
6. La oveja de Ouessant
La oveja más pequeña del mundo

Esta oveja solía encontrarse junto a las costas y en las playas de la Bretaña. En la isla de Ouessant había muchas, de ahí su nombre. Se caracteriza por su pequeño tamaño, por sus cuernecitos y por el pelaje negro. Poco a poco ovejas más grandes fueron ocupando su lugar. De hecho, habría desaparecido completamente si los antiguos señores del territorio continental francés no hubiesen decidido conservarlas para mantener los parques y los jardines de sus castillos. El Museo de Historia Natural de París y la Asociación de Ganaderos de Ovejas de Ouessant (la GEMO) lograron preservar esta especie, que pasó a formar parte del Ecomuseo en el mismo año de su creación, 1994.
«Un cortacésped ecológico»
20 años más tarde, el rebaño del Ecomuseo, que tiene unas 40 hembras, es uno de los más importantes del país. Aquí es donde París consigue sus ovejas para mantener el césped de la ciudad, otros ejemplares han viajado a Alemania y a Portugal. Porque la oveja de Ouessant es un auténtico «cortacéspedes ecológico». Es la reina del ecopastoreo, la «herramienta» perfecta para mantener los espacios verdes. Se trata de un animal que ha conservado su lado rústico y que solo alumbra una cría en cada parto. Es un animal pequeño, sí, pero robusto. Una «mascota» a la que los bretones tienen mucho aprecio.
El cerdo blanco del oeste
El «tesoro de la familia bretona»

Uno de los animales que más impresiona a los visitantes del Ecomuseo es el cerdo blanco del Oeste. El cerdo es un animal emblemático de la región. En las granjas se conocía al cerdo como el «tesoro de la familia». El cerdo era una fuente de alimento para el invierno, una estación durante las que las granjas se mantenían de forma autosuficiente cultivando diferentes cosechas y combinando el cuidado de diversos animales: una o dos vacas, un cerdo, una cabra y gallinas suficientes como para alimentar a una familia bretona y elaborar productos para abastecer a los mercados locales.
El cerdo forma parte de esta historia y de la tradición gastronómica bretona. Sin el cerdo, nos hubiésemos perdido el placer de disfrutar de una de las especialidades de Rennes, la famosa galette-saucisse. Deriva de una raza muy antigua de tipo celta y se caracteriza por sus encantadoras orejas caídas. Está perfectamente adaptado a la vida al aire libre. Su tamaño sorprende mucho a los niños: la hembra llega a pesar 350 kg y el macho hasta 450 kg. Su pariente normando, el cerdo de Bayeux, al que distinguimos por unas particulares manchas oscuras, estuvo a punto de desaparecer después de la guerra. También se conserva en el Ecomuseo.
El ecomuseo, un conservatorio botánico y animal único

Los animales bretones no son los únicos que se conservan en el Ecomuseo de la Región de Rennes. Aquí se conservan unas 20 especies procedentes no solo de la Bretaña, sino de todo el Gran Oeste francés, como el asno de Cotentin o la oca normanda. Todos ellos disfrutan de las 20 hectáreas de la antigua granja donde ahora se ubica el Ecomuseo. Actualmente, el Ecomuseo es un excepcional conservatorio genético que contribuye a la conservación de la biodiversidad animal y vegetal en una ciudad que será Capital de la Biodiversidad en 2017. Las razas bretonas que viven aquí forman parte de un patrimonio que merece ser conservado tanto como otras muchas de las especies en peligro de extinción del planeta.
Un patrimonio vivo al que todos los bretones se sientes unidos
Se trata de especies que han ido cambiando para adaptarse al terreno y que los ganaderos han ido seleccionando durante siglos. Son el testimonio de la evolución de la sociedad rural. Tal y como nos recuerda Jean-Paul Cillard, encargado del averío del Ecomuseo: «Todos los bretones, a través de sus raíces, están ligados a estos animales domésticos». Pero el Ecomuseo no es solo un escaparate donde exhibir a los animales, también contribuye a la valorización de las actividades empresariales colaborando con los ganaderos, con los productores, con los científicos y con los restaurantes de la zona para conseguir que este patrimonio se mantenga vivo.
Por todas estas razones y por las exposiciones temporales que ofrece habitualmente (como la exposición sobre las celebraciones y el ocio que podrá visitarse hasta el 27 de agosto de 2017), el Ecomuseo es una visita obligada durante un viaje a Rennes. Sin duda es un lugar encantador, está muy cerca de la ciudad y hará las delicias de los mayores admiradores de los animales de granja: los niños.