Una diversidad patrimonial inédita

A los visitantes curiosos, la discreta Rennes les desvela su insólita diversidad patrimonial. En el recodo de una callejuela empedrada, en pleno corazón del centro histórico, en las inmediaciones de sus edificios civiles, Rennes despierta sorpresa y admiración al descubrir sus vestigios galorromanos, sus fachadas de entramados de madera, sus edificios de granito y toba o sus mosaicos Odorico… Y el paseo se convierte en un viaje monumental a través de los siglos.
Un agradable tejido urbano

El encanto de Rennes reside en la gran diversidad de su patrimonio. En un territorio relativamente pequeño, dejándose llevar tranquilamente por sus calles, podemos atravesar los siglos y pasar de una época a otra sin apenas notarlo. La arquitectura urbana desfila con armonía: ruinas galorromanas (murallas y paramento de ladrillo rojo del siglo III, que formaban la prestigiosa fortificación de la entonces conocida como Condate la Roja) hasta el espectacular y ultramoderno Cap Mail de Jean Nouvel, pasando por las 280 casas con entramados de madera, la emblemática Mabilay erigida en los años 70, los edificios civiles del siglo XVIII (Parlamento de Bretaña, Ayuntamiento, etc.), hasta Les Champs libres, un centro cultural inaugurado en 2006…
Diversidad de formas y también de colores, otra atractiva baza de la arquitectura de Rennes nacida de la utilización de diferentes materiales a lo largo del tiempo: la madera pintada y adornada, el granito y sus profundas tonalidades, la piedra caliza y la toba de incomparable luminosidad.
De bois et de couleurs

Rennes es una de las ciudades de Francia que más casas con entramados de madera cuenta. De hecho, es la capital bretona de las casas con fachadas de entramado: hay casi 300 (exactamente 286). Esa forma de construcción es especialmente notable en la rue du Chapitre.
Allí conviven construcciones que datan de la Edad Media, del Renacimiento y de la época contemporánea, de los siglos XV a XVIII, que ofrecen así una singular perspectiva de la evolución arquitectónica. Para proteger esta arquitectura única, Rennes fue, en 1966, una de las primeras ciudades que se inscribió en los llamados Sectores Protegidos de la conocida como ley Malraux.
La genialidad de Jacques Gabriel
Rennes debe su armonía en parte a la gran habilidad del arquitecto real Jacques Gabriel (1661-1742). Este, después del gran incendio que, a finales de diciembre de 1720, se prolongó durante seis días y asoló diez hectáreas del centro de la ciudad, ideó una reconstrucción armoniosa.
Su genialidad hizo posible que esta última fuera casi imperceptible a primera visita, pasando del entramado de madera a la piedra de toba sin cambios bruscos. Por eso, los barrios se suceden como si fueran uno solo.
Un corazón muy vivo

Esta reconfortante sensación de equilibrio del patrimonio arquitectónico de Rennes también tiene que ver con la construcción, en 1982, de la plataforma peatonal (pavimentada). Es un lugar de paseo elegante, agradable y ligero en pleno centro de la ciudad, que sigue siendo, de hecho, la principal zona comercial de la Bretaña. Eso significa que no se ha detenido en el tiempo ni es como un museo. Todo lo contrario. Es un lugar habitado, vivo, lo que al mismo tiempo garantiza su supervivencia y su constante revalorización.
Odorico et l’Art Déco

Los niños de los colegios del centro de Rennes tienen muchísima suerte: aprenden a nadar en una piscina que pronto será un monumento protegido, la piscina Saint-Georges. Este edificio lúdico, típico de la época Art Déco de comienzos del siglo pasado, es obra de dos hijos de la ciudad: el arquitecto Emmanuel Le Ray y el artista del mosaico de origen italiano Isidore Odorico, al que la ciudad debe varias decoraciones de mosaicos.
Esas obras de arte se pueden admirar en un recorrido turístico muy popular, en el que la piscina es uno de los puntos principales.
Las curvas generosas del ayuntamiento

El corazón histórico de Rennes, reconstruido en el siglo XVIII, gira en torno a dos emblemáticas plazas de la ciudad: la del Parlamento de Bretaña y la de la Ópera y el Ayuntamiento. Entre las construcciones civiles edificadas entonces, el Ayuntamiento es una excepción francesa, único y singular con su fachada hecha de juegos de curvas y contracurvas y una torre del reloj coronada por una aguja que parece contrarrestar la redondez de su vecina Ópera.