Una concentración de los estilos de vida de Rennes
En el corazón del centro histórico, la Place des Lices es una concentración de estilos de vida y del patrimonio de Rennes: un lugar acogedor, con las Halles Martenot al estilo de Baltard, rodeados de terrazas de bares y restaurantes con una vista despejada de un horizonte arquitectónico original, donde conviven estilos de diferentes épocas. Desde allí, se pueden divisar las torres de la catedral de San Pedro. Un poco más lejos, las torres gemelas Horizons, diseñadas por Georges Maillols, contrarrestan los palacetes con entramado de madera. Estos edificios, destacables por su altura, vigilan el mercado Des Lices que se celebra cada sábado por la mañana desde 1622.

Aquí late el corazón de Rennes, el de los sibaritas que vienen a cargar pilas el fin de semana con los productos bretones locales y el de los fiesteros y los estudiantes, que se reúnen aquí los jueves por la noche. No es de extrañar que todo el mundo se congregue alrededor de los puestos de comida ya a primera hora de la mañana, y sea la hora que sea, para degustar unas ostras y una buena galette saucisse. En el pasado, la muralla medieval sirvió de telón de fondo para las fiestas populares… Retrocedamos un poco en el tiempo: imagina una plaza a las puertas de la ciudad, rodeada de campos, donde se celebraban las justas entre caballeros.
Lugar de justas entre caballeros… y de torturas
«El nombre de Place des Lices nos remonta a la época medieval. En este lugar fuera de la muralla, los terrenos se transformaban para acoger eventos como los torneos entre caballeros», afirma Gilles Brohan, animador arquitectónico y de patrimonio de la oficina de turismo. «La “lice”, en francés, es el nombre de la barrera de madera que separa a cada caballero durante los juegos. El más conocido de ellos, Bertrand du Guesclin, aprendió sus habilidades allí».
La plaza era también un símbolo de la justicia y aquí es donde se instalaba la horca, en el punto exacto donde está el reloj actual, un punto de referencia que hoy sirve como lugar de encuentro. Pero ¿cuántos de los transeúntes que hoy pasan por aquí saben que los condenados a muerte eran conducidos allí por la calle que lleva el evocador nombre de “rue des Innocents” y que conecta la Place des Lices con la rue Saint-Louis? «Cualquiera que entrara o llegara por la rue Saint-Malo para entrar a la ciudad veía la horca aquí instalada, símbolo de justicia y poder», explica Gilles Brohan. Las víctimas eran azotadas y colgadas para que todo el mundo pudiera verlas.
Cuando Bertrand du Guesclin luchaba de incógnito

El 4 de junio de 1337, se celebró un gran torneo en la Place des Lices de Rennes con motivo de un festejo ducal. Betrand du Guesclin, de solo 17 años y futuro condestable de Francia, tenía prohibida su participación. Pero la tentación de demostrar su valor en combate era demasiado grande y decidió participar tomando prestada la armadura de su primo para que nadie pudiera reconocerlo. Y quien más tarde se convertiría en un héroe de la Guerra de los Cien Años no tuvo miramientos. Desarzonó una docena de caballeros a golpe de lanza. Pero surgió un problema: el siguiente adversario al que tenía que enfrentarse no era otro que su padre. Du Guesclin prefirió rendirse como señal de respeto ante su señor y se negó a luchar. Poco después, otro caballero le arrebató la visera del casco durante una justa y todos reconocieron al hombre que se convertiría en el terror de los ingleses unos años más tarde, conocido por el sobrenombre de “Dogo negro de Brocéliande”.
Probablemente, una historia un poco romántica para descubrir junto a otras durante una visita guiada que te sumergirá en la atmósfera de la Rennes medieval.
Con la instalación del mercado en 1622, la plaza cobra vida
Después de la Edad Media, la plaza cobró vida con más alegría. En 1622, el mercado se instaló allí y, aún hoy en día, cada sábado por la mañana, la tradición sigue viva. «En el siglo XVII, el mercado transformó el lugar, que se llenó de gente. Debido a la falta de espacio en la ciudad intramuros, los parlamentarios que buscan alojamiento se hicieron construir palacetes dignos de su estatus ya que en la plaza no había escasez de espacio», narra Gilles Brohan. Los inmensos palacetes dejaron a todo el mundo con la boca abierta. En 1658 se construyeron los primeros en los números 24 y 26: la Noue y Racapée de la Feuillée, unas mansiones adosadas con entramado de madera.
Otros edificios se construyeron en piedra, como los palacetes de Montbourcher en 1658, en el número 30, y de Molant entre 1666 y 1670, en el número 34, donde se encuentra actualmente el restaurante gourmet Le Carré con su agradable terraza. La sala de subastas contigua está situada en los establos de este edificio, donde vivieron figuras muy importantes durante el período parlamentario. «El primer magistrado de la ciudad, el jurisconsulto, después gran intendente de Bretaña, se alojó allí a finales del siglo XVII», detalla Gilles Brohan. «Con su patio y sus jardines, el palacete de Molant es característico del diseño clásico de los palacetes. En la fachada no hay ninguna decoración ostentosa, excepto un perfil de Luís XIV, pero el simple hecho de que esté construido en piedra atestigua una cierta bonanza financiera».
En el siglo XIX, las Halles Martenot surgen del suelo

En el siglo XIX, una última ordenación transforma la plaza: en 1871 se construyen las Halles Martenot, que deben su nombre al arquitecto Jean Baptise Martenot, siguiendo el modelo de las Halles Baltard de París. Una mezcla de arquitectura de ladrillo y acero típica de la época, los dos pabellones con una superficie de 1300 metros cuadrados se renovaron en 1989. El día del mercado, el que está más al sur sirve como mercado para los carniceros; el otro acoge productores locales. En 1907 se añadió otro pabellón pero más tarde fue derruido. Las Halles Martenot estuvieron a punto de correr la misma suerte al verse amenazadas por un proyecto de aparcamientos. Por suerte, siguen en pie y acogen periódicamente eventos feriales y exposiciones que dan vida a la Place fuera de los días de mercado.
El Mercado des Lices, el segundo mercado más grande de Francia
Es una cita imperdible para los amantes de la buena comida. El sábado por la mañana, de 7:30 a 13:30, los habitantes de Rennes se reúnen allí para llenar la despensa de frutas y verduras de temporada, pescado fresco y marisco. Es el gran escaparate de los productos bretones locales donde los cocineros y restauradores vienen a buscar los productos que alimentarán sus cartas y menús de la semana. Los ministriles de hoy en día siempre tienen un lugar entre los puestos del mercado des Lices, donde constantemente sucede algo.
El ritual de la galette saucisse

Entre los dos pabellones, las food-trucks y los camiones están siempre llenos: la gente hace cola pacientemente para probar la galette saucisse, la especialidad de Rennes por excelencia. Los puestos del mercado también ofrecen una gran cantidad de productos ecológicos, sidras, panes, miel, cervezas artesanales o especialidades locales que atraen a cualquiera. No podrás resistirte. También debes ceder a otra tradición local, la del aperitivo de mercado que consiste en sentarte tranquilamente en la terraza para saborear tus compras. Ha llegado el fin de semana; ¡relájate y disfruta del ambiente y del sol!
Un montón de buenos lugares para disfrutar de la ciudad

Cualquier momento del día o de la noche es bueno para reunirse en la Place des Lices. En el menú, buenos lugares en todos los rincones de la plaza: desde las terrazas de los bares cercanos a la plaza Saint-Michel, pasando por los restaurantes, las opciones son muchas y variadas. En el Délirium Café puedes admirar vestigios de la muralla medieval que recorría toda la plaza hasta las Portes Mordelaises. En los primeros puestos del mercado, las terrazas son muy populares y es mejor llegar temprano al Pavillion, bar-brasería que da al mercado de las flores, a Grappe, un bar de vinos pequeño y agradable, a Webb Ellis, un pub con una situación estratégica, a Iodé, un bar de ostras que nos recuerda que el mar está muy cerca, o a l’Abri du Marché para los amantes de las galettes y los mejillones.
Para los más gourmets, hay otras lugares que también merecen una visita: Cours des Lices, el restaurante le Carré o Angello dei Lices donde podrás saborear las mejores pizzas de Rennes (y también del mundo). En la parte baja de Lices, hay otras terrazas de bares y creperías para pasar un buen rato como, por ejemplo, Gazoline, un lugar donde jugar al tejo con amigos o familiares, bar Chantier o Amaryllis, para estar hasta bien entrada la noche. Para las compras, en las hermosas casas con entramados de madera, no olvides visitar Aperçu, una magnífica tienda de decoración y regalos y, junto a ella, la Poudrerie, un salón de belleza y maquillaje que sacará a la luz toda tu belleza. Y para disfrutar de un fin de semana en Rennes, el Hotel des Lices es una dirección muy céntrica.
Divertidos armiños vigilan el patrimonio

Como en otras calles del centro histórico de Rennes, se colocan armiños gigantes en los escaparates de la Place des Lices: al lado del restaurante la Janata y en el edificio de la esquina, a nivel de las escaleras. El animal, símbolo de la Bretaña, no está allí por casualidad; se trata de la operación Bonne Kozh. Como parte de la renovación del patrimonio del centro de la ciudad, mientras duran las obras de apertura de nuevos comercios, los armiños decoran las ventanas. Como resultado, la Place des Lices es aún más fotogénica con estos graciosos animalitos de mirada traviesa.