Un bar cada 7 metros : el récord de Francia
Hay muchas calles de la sed en Francia, pero la de Rennes es sin duda la más conocida por su gran concentración de bares. Aunque es estrecha y no muy larga (poco más de 87 metros), tiene un bar cada 7 metros, según la «bistrografía» de Mathieu Garnier, explicada detalladamente en la web Datamix. Con 13 bares en total, la rue Saint-Michel ostenta el récord de Francia, por delante de la rue des Cordeliers de Bayona y la rue de Lappe de París. «¡Por fin un título para Rennes!» resume con humor el especialista en datos (y también hincha del Stade Rennais) autor del estudio.

Una calle y dos ambientes : el día y la noche
Por desgracia, a veces ese número récord de bares genera excesos que acaban saliendo en la sección de sucesos de los periódicos. Es cierto que la rue Saint-Michel es una calle muy animada: se abarrota los jueves por la noche, cuando salen los estudiantes, y también los fines de semana e incluso el resto de noches de la semana. Una vez que anochece, todo el mundo queda allí, excepto quienes prefieren evitarla por su mala reputación. De hecho, la rue Saint-Michel tiene dos caras: por el día, se pueden admirar sus tradicionales casas con fachadas de entramados de madera, tan características del patrimonio de Rennes, y no es distinta de las demás calles peatonales del casco antiguo. Por la noche, es adonde se va a tomar algo en una terraza y a salir de fiesta hasta bien entrada la noche o a comer algo rápido. Una tradición de vida nocturna que se remonta por lo menos hasta la Edad Media.
Un barrio animado desde tiempos inmemoriales

El barrio Saint-Michel siempre ha sido un lugar de paso, desde los antiguos orígenes de la ciudad de Condate, con la presencia de una puerta y una vía romana que salía en dirección a Saint-Malo. En la Edad Media, sobre las ruinas del castillo de los Condes de Rennes, en el siglo XII, se construye una capilla –y más tarde un priorato– en el emplazamiento de la antigua Prisión Saint-Michel, cerca de la muralla (junto a la actual Place Rallier du Baty). El lugar estaba situado en una zona alta de la ciudad y dedicado a Saint-Michel, como manda la tradición. Fue aquel edificio religioso el que dio nombre a la calle, cuya denominación se documenta ya en el siglo XV.
Un lugar de acogida cuando se cerraban las puertas de la ciudad
«Era paso obligado para entrar en la ciudad», cuenta Gilles Brohan, especialista en patrimonio de la oficina de turismo.«A partir de la Edad Media, crecen en el exterior de la muralla suburbios que pronto están densamente poblados, con mesones, tabernas y posadas… Si alguien llegaba tarde a la ciudad y las puertas estaban cerradas, siempre encontraba donde alojarse en el barrio». Unos establecimientos que tenían nombres tan curiosos como Fonda de la Salamandra, del Caballo Negro, del Martillo de Oro, de la Imagen de Saint-Michel…
Molière actuó en una obra de teatro allí
También es la explicación de que el Convento de los Jacobinos se fundara en el siglo XIV muy cerca, en la Place Sainte-Anne. Como todos los dominicos, la orden de los predicadores se implanta en el corazón de las ciudades para estar en contacto con la población, a diferencia de otras órdenes monásticas que viven recluidas. Por aquella época, toda la actividad comercial, cultural, religiosa e industrial convergía en torno a la rue Saint-Michel. «Un frontón servía de teatro en el patio del Cheval Noir y al parecer Molière actuó allí. En otra parte, en la rue de la Fracasserie, había muchos herreros», explica Gilles Brohan. «Siempre ha habido una tradición de vida muy activa en ese sector de las puertas norte de la ciudad. La gente llama a la gente y eso hoy sigue siendo así».
Un excepcional patrimonio que estuvo a punto de desaparecer

Caminando por la rue Saint-Michel, con sus adoquines y sus fachadas con entramados de madera de las que sobresalen los voladizos, te sientes casi como en la Edad Media, sobre todo cuando el ambiente toma tintes de arrabal de estilo Corte de los Milagros. Pero, en realidad, la mayoría de las casas antiguas de coloridas fachadas que siguen en pie se remontan más bien a los siglos XVI y XVII. Sí que conservan el plano medieval con fachadas estrechas. Y muchas han sido renovadas o están a punto de serlo. Es uno de los conjuntos de casas de entramados de madera más homogéneos de la ciudad. Y cuentan con la originalidad de los adornos esculpidos del último cuarto del siglo XVI, que fueron todos obra del mismo taller de imaginería artesanal.
Detalles esculpidos sacados a la luz por las reformas
«Las recientes reformas han permitido sacar de nuevo a la luz toda una serie de adornos esculpidos en las casas con entramados de madera con crucetas o las típicas hojas de helecho»,detalla Gilles Brohan.«Con algunos elementos que vienen de casas más antiguas, como quimeras esculpidas o un adorno de volutas inspirado más bien en el Renacimiento en el número 13. Hay que tomarse su tiempo para observar esos detalles en las fachadas y mirar un poco hacia arriba. Es una calle interesante, que ayuda a entender cómo se fue formando la ciudad con el paso del tiempo, a ver la relación entre el corazón de la ciudad, encerrado dentro de las murallas, y los arrabales aglutinados en torno a sus muros».
Un patrimonio que es como un libro abierto de la historia y que se puede conocer gracias a las explicaciones de un guía turístico durante la visita guiada «Rennes en la Edad Media».
La «rue de la soif» se desplazó con el paso del tiempo
Quizá la historia no sea muy conocida, pero toda una parte de esas casas estuvo a punto de desaparecer a finales de los años 50. El islote situado entre la rue Saint-Michel, la Places des Lices y la rue Saint-Louis era insalubre y estaba abocado a la destrucción. La llamada ley Malraux, de protección del patrimonio, y el sector protegido que se creó en 1966 permitieron salvar esos inmuebles e iniciar una campaña de renovación a largo plazo. Años más tarde, en la década de 1970, la rue Saint-Michel empezó a ser conocida como «rue de la soif» al aumentar el número de estudiantes y surgir un nuevo modo de vida, más festivo, en la ciudad. Pero no es la única calle de Rennes en la que se concentran los bares y restaurantes: la rue Saint-Georges tenía ese título antes que ella y la rue de Saint-Malo también era apodada «rue de la soif» en los años 80. El tiempo pasa y las calles cambian de nombre, pero la sed nunca se sacia. Si quieres dar una vuelta por allí, el mejor momento es sin duda el sábado por la mañana, día del mercado de Lices…