Christopher Couzelin

Christopher Couzelin

En Rennes, entre Labfab, Planetario y subastas

El Espacio de las Ciencias es el centro de cultura científica más visitado de Francia fuera de la capital. Su éxito debe mucho a Christopher Couzelin, que pone en escena sus exposiciones. Para hablar de biodiversidad, era digital o prehistoria. A los habitantes de Rennes les encanta.

Rennes, ciudad de ciencia

Espace des Sciences - Tous vivants

Vivir con inteligencia. Es el eslogan de Rennes desde hace 20 años. Christopher Couzelin contribuye a hacerlo a su manera. Es lo apropiado para un centro de cultura científica.

«Explicamos, desciframos, divulgamos… contamos cómo funciona el mundo. compartimos nuestro amor por el conocimiento y la curiosidad».

Ubicado en Les Champs Libres, el Espacio de las Ciencias recibe 200 000 visitas al año. Los colegios y las familias acuden fieles a la cita. Y también los investigadores para compartir su saber. «Rennes es una ciudad científica que cuenta con tres campus, un dinámico entorno digital, conferencias con un gran seguimiento… ¿Conocéis más ciudades con un festival científico que dure 15 días?».

El festival de las ciencias

Cada otoño, el Espacio de las Ciencias organiza durante dos semanas un evento para el público en general destinado a dar a conocer los últimos avances científicos y el trabajo de los investigadores. Es el Festival de las ciencias. Se celebra en Rennes y en varias localidades de sus alrededores. Cuenta con actividades de animación, conferencias, visitas a laboratorios, espectáculos, proyecciones, etc. La entrada es libre y gratuita.

Brocelandia a las puertas de rennes

Barco en el Vilaine en Rennes
Barco en el Vilaine en Rennes

Chistopher Couzelin, oriundo de Saint-Malo, cursó estudios de Medicina y luego de Biología Celular en Rennes. Pero no vive en Rennes. «Vivo en un pueblecito a las puertas del bosque de Brocelianda. Voy y vuelvo en tren todos los días. Es rápido. Allí en el campo me siento como si estuviera en otra parte. Parece Escocia… El bosque de Brocelianda no es espectacular, pero el imaginario fantástico da relieve a los paisajes».

Sin embargo, a Christopher siempre le gusta venir a la ciudad. «Rennes tiene todas las ventajas de una gran ciudad sin sus inconvenientes». ¿Concretamente? «Hay metro, varias universidades, una gran biblioteca… Y además es una ciudad limpia y segura donde conviven bien los distintos estilos, edades y colectivos. Me gusta esa diversidad». ¿Y qué más?

«Se ha prestado atención para evitar que se formaran guetos de ricos, de pobres, de jóvenes, de inmigrantes, de artistas… la convivencia y la apertura resumen bien el carácter de rennes. hay espacio para expresarse. pero no somos fanfarrones. somos sencillos. y trabajadores».

Bajo el cielo del planetario

Christopher Couzelin, una figura central del Espacio de las Ciencias, es el responsable de las exposiciones y de las innovaciones digitales. Trabaja cada día junto a sus colegas del Planetario, oculto bajo una curiosa protuberancia que traspasa el techo de Les Champs Libres.

Christopher está acostumbrado a visitar el lugar por su trabajo, cómo no. Pero sigue sintiendo la magia. «Te sientas en la oscuridad. Durante 50 minutos, un guía te lleva de viaje hasta los confines del universo. ¡Es absolutamente vertiginoso! Te sientes tan pequeño en el espacio infinito… ¡Somos increíblemente afortunados por vivir en la Tierra!».

En el Planetario, es imposible quedarse dormido frente a la pantalla. La animación tiene lugar en directo con un juego de preguntas y respuestas con los espectadores. Todo evoluciona en función de las misiones espaciales. En vacaciones, hay sesiones en 3D. «La calidad de la imagen es impresionante. Pero la tecnología no sirve para alardear. Está al servicio de la poesía y de la emoción».

El LABFAB, el “Do it yourself” de la tecnología

Esa pasión por el conocimiento y por la aventura colectiva, Christopher Couzelin la cultiva en el LabFab. El laboratorio de fabricación digital, ubicado en la escuela de Bellas Artes de la rue Hoche, cuenta ahora con un nuevo taller abierto al público también en la Maison des associations (Casa de las asociaciones). El lugar pone a su disposición ordenadores, impresoras 3D y herramientas de corte por láser para diseñar y realizar objetos a partir de planos de código abierto. Una activa comunidad de manitas, programadores y artistas da vida al taller.

Allí, Christopher vivió el nacimiento de un robot humanoide, Poppy. «El LabFab hace suya la misión de la ciencia: compartir el conocimiento. Enseñar a trabajar en equipo. Desmitifica la tecnología digital». Y además está el entusiasmo del «do it yourself» al servicio de la creación. «Es en esta clase de sitios donde se juega el futuro de nuestras sociedades».

Basta con une subasta

MacGyver también es un poco Julio Verne. La historia, los viajes y los objetos de valor son otras grandes pasiones de Christopher Couzelin. La casa de subastas es, naturalmente, uno de sus lugares favoritos. Todas las semanas, los subastadores adjudican al mejor postor, a golpe de maza, excepcionales muebles, joyas, obras de arte, juguetes antiguos… Las subastas animan la plaza de Lices los lunes y a veces también los domingos. No cuesta nada echar un vistazo.

Christopher es un visitante asiduo. «Me siento como un buscador de tesoros en un gabinete de curiosidades. Las subastas son un espectáculo. ¡Es como una obra de teatro en la que puedo interpretar un pequeño papel!». Y a veces compra. Sobre todo instrumentos científicos, piezas art déco y objetos de arte africano u oceánico. «Esos objetos hechos por el hombre son como un concentrado de calidad y savoir-faire. Me fascinan aquellos artesanos que ponían toda su energía en hacerlo lo mejor posible».

Le Palissandre, un rincón exótico

Christopher Couzelin

¿Artesanía? ¿Exotismo? Los pasos de Christopher Couzelin no podían ignorar el camino que lleva a Le Palissandre. Escondida tras la plaza Sainte-Anne, esta diminuta tienda fuera del tiempo es regentada desde hace 30 años por Jean-Marie. Siempre sonriente. Siempre con su cantarín acento de Madagascar.

En sus tiempos de estudiante, Christopher ya solía visitar la tiendecita especializada en joyas y artesanía del Índico. Hoy vuelve con sus hijos. Otros clientes cruzan la puerta como en peregrinación. «Es una cueva de Alí Babá. Se siente una energía casi mística. Es casi un lugar espiritual. Todos los objetos cuentan bonitas historias. Me gusta la humanidad que expresan». Como esas muñecas quitapenas peruanas. ¿Y qué opina la ciencia de eso, Christopher?

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