La génesis de los Ateliers du Vent
Su historia comienza en el siglo pasado. Durante las grandes manifestaciones de 1995, amantes del arte, estudiantes de sociología o políticas y autodidactas de todo tipo se conocen entre sí en las protestas. Les une el deseo común de luchar y de utilizar el arte como medio de expresión. Entonces deciden montar una asociación. Un año después, los Ateliers du Vent ven la luz por primera vez.
Una vez pasada la hora de la génesis y del mito fundador, el colectivo artístico pasa por varios locales de Rennes. Hasta que, en 2006, acaba ocupando una antigua fábrica de mostaza Amora abocada a la destrucción.

Un colectivo musical, teatral, poético, filosófico y político…
Se acabaron la mostaza y los pepinillos: el bonito edificio de los años 1920 debe dar paso a un nuevo proyecto de la ciudad. Para salvarlo y animar el barrio, el colectivo propone entonces a la ciudad de Rennes ocupar la vieja fábrica, reformarla y ofrecer allí sus actividades artísticas. El proyecto, bastante innovador para la época, es aceptado. Los Ateliers du Vent vuelven a nacer en este vetusto inmueble azotado por todos los vientos…
El colectivo emprende entonces las obras, «a golpe de do-it yourself», con el objetivo de crear un lugar donde los artistas puedan trabajar, reunirse, hacer cosas juntos, sin olvidarse de implicar a los vecinos del barrio. Un colectivo que es musical, visual, teatral, poético, filosófico y político… donde te puedes encontrar con un cantante de ópera o asistir a una obra de teatro de objetos.
Unos años más tarde, es necesario hacer obras de gran envergadura en el edificio. El colectivo se muda a unos contenedores habilitados en espera de la inauguración y de un nuevo nacimiento más de los Ateliers du Vent, en septiembre de 2016. Entretanto, el barrio se ha transformado por completo. Y, hoy, ¿qué pasa entre esas cuatro paredes?
- Ateliers du Vent, 59 rue Alexandre Duval, rennes. Autobús nº 9, parada voltaire.
Un centro creativo abierto al barrio

«El sitio en el que trabajas influye en el resultado». Una premisa que vale para todos los artistas y técnicos. Por eso, los Ateliers du Vent han querido conservar la esencia de «fábrica», un aspecto industrial «en bruto». Una forma de decir que el trabajo artístico es como una obra en construcción permanente. En los Ateliers du Vent, los artistas trabajan y, sobre todo, confrontan sus obras, conviven con los demás, se codean con los nuevos vecinos del barrio a los que han tenido que volver a explicar su proyecto. Y es que, sin duda, el barrio de Cleunay ha cambiado mucho: ahora parece una de esas ciudades donde crecen edificios como setas, deprisa, muy deprisa.
Una ciudad y un barrio en transformación
De hecho, el proyecto cultural de los Ateliers du Vent ha tomado un nuevo impulso gracias a la transformación de la ciudad planteándose multitud de preguntas: ¿cómo hacer suyo el espacio público?, ¿visitamos nuestro propio barrio en vacaciones igual que visitamos una ciudad desconocida? El colectivo se hizo su sitio en un barrio en construcción. El primer año en plena obra, pero luego empezó a explorar el barrio, a indagar sobre su identidad partiendo de las historias de sus habitantes, de las de los niños que crecen con una imaginación sin límites. Inventando otras historias también…
De ahí nacieron creaciones como la cartografía sensible del barrio o la agrupación que propone a los millones de potenciales turistas iniciativas como rutas poéticas —a veces inviables—, formas distintas de utilizar las clásicas audioguías o ideas aún más «absurdas» como concursos de hojaldre relleno de paté para poner de relieve la importancia del paté casero en la zona.
La finalidad de los Ateliers du Vent no es tanto el arte como tal, sino más bien cambiar las cosas, cuestionarlas, interesarse por la gente del barrio o por quienes vienen de fuera desde un planteamiento político en el sentido de «la vida en la ciudad», que es la idea central que impulsa al colectivo desde sus comienzos.


Tres buenas razones para ir a Los Ateliers du Vent
1. Pasar un jueves por la noche con artistas
En los Ateliers du Vent, los artistas son residentes. Todos los jueves por la noche, a partir de las 18:30 en el bar de los Ateliers du Vent, presentan su trabajo, charlan entre ellos y con el público, puesto que «muchos proyectos nacen tomando un café».
2. Deleitarse en el restaurante de los Ateliers
Conseguir ofrecer un plato casero a menos de 7 euros con productos comprados en mercados y a productores locales es, de por sí, una verdadera obra de arte. Detrás del piano de la cocina está el chef Romain Joly, que abre todos los días laborables a mediodía para ofrecer a artistas y visitantes sabrosas recetas de temporada, productos saludables, «sin tonterías». El restaurante, La cantine, abre de lunes a viernes a mediodía. Se recomienda reservar (cantine@lesateliersduvent.org +33 (0)2 30 96 42 77)
3. Disfrutar de exposiciones, festivales y obras
Siempre pasa algo en los Ateliers du Vent… Un ambiente muy sano que se puede descubrir en cualquiera de los próximos eventos, cafés-coloquios, o durante los festivales que paran allí (como el Oodaaq en mayo). Consulta las próximas exposiciones y un montón de proyectos más en la web de los Ateliers du Vent. www.lesateliersduvent.org